Sunset contrast

Las oportunidades surgen de manera espontánea. Está allí, esperando. Esperando que encuentres un sitio donde aparcar sin que molestes, ni haya peligro.

Sacar la cámara, echar a correr en busca del mejor lugar y empezar a tirar fotos antes de que las luces se desvanezcan. Todo es cuestión de pocos minutos. A veces, tan sólo a veces, tienes suerte y la experiencia juega a tu favor.

Las ramas de los arboles dibujan los mismos contrastes de una hoja, de una gorgonia o abanico de mar. El cielo azul oscurecido y los tonos dorados de la puesta de sol ofrecían el contrapunto para convertir la imagen en algo casi mágico.

© Ricard de la Casa – marzo 2016

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Two ghosts and a smoker

Pasaron abrazadas. Me miraron de reojo. Por alguna extraña razón antes de desaparecer se dieron la vuelta y las volví a fotografiar. Esa vez con más movimiento ya que estaban mucho más cerca de mi.  Esperé a que estuvieran a la altura del sujeto principal y presioné el botón suavemente. Esa foto la puede ver aquí: 500PX

No suelo hacer muchas en blanco y negro (la que puede ver en 500PX). Esta serie la hice para una exposición que se celebra este verano (verano de 2016) en Seul (Corea), para la 33 Bienal en blanco y negro de la FIAP.

© Ricard de la Casa – texto e imagen marzo 2016

La imagen de portada, puede verla en grande en mi galería de FLICKR.

Muelle de Asland

Ya había ido un par de veces por allí para conocer el terreno. El muelle está cerrado y es imposible acercarse y una cerca de malla prácticamente lo cierra sin dejar huecos desde donde disparar. A veces ni siquiera está iluminado. Quería que pareciera algo extraño, amenazador, un monstruo, algo salido de las entrañas del agua. Un poco más allá hay una elevación para tomar fotos, pero el ángulo impide que la iluminación artificial haga su trabajo. La perseverancia a veces, tan solo a veces, tiene su recompensa. Encontré un hueco y, además, unos matojos de hierba perfectos para componer.

Lo divertido, o lo dramático era que tenía que esperar a que algunas farolas se encendieran (deben ser tan viejas que se van apagando de manera aleatoria), para que me ayudaran a iluminar la escena (sí, también llevaba una linterna para eso, pero prefería no sacar mucho las manos, recuerden: hacía un frío de mil demonios).

© Ricard de la Casa – marzo 2016

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