Mist

El día se levanta lívido. Apenas hay unos metros de visibilidad, la montaña, el pueblo, han desaparecido. Los viñedos son apenas un sueño desdibujado. Un silencio extraño se expande. Ni siquiera los pájaros se atreven a volar en la niebla.

Salgo al camino y me oriento. Fuera, estacionada, la camioneta que nos trajo. Echo a andar. Busco la carretera, la cruzo. Un viejo y húmedo camino me lleva hasta los arcos del viejo puente de piedra. Tras ellos, el rio, por encima discurre la vía del tren, es una ruta fantasmal. Hace siglos que no se oye a ningún tren pasar. Aquí hay un poco más de luz, logro ver hasta la otra orilla.

Busco el mejor sitio. Una pequeña playa. Cuando me acercó algo sale volando, tiene más de un metro de envergadura, pero me es imposible intuir más allá de sus sombras que tipo de pájaro es. No emite ningún sonido. Creo que lo he asustado.

El agua discurre en calma. Se diría que no hay corriente. Hasta el pequeño desnivel es silencioso. Planto el trípode, calzo la cámara y le pongo el filtro.

Ni siquiera he puesto música, Creo que aquí le iría bien escuchar a Pang! Walking in the sun para contrastar.

Disparo.

Disparo y me olvido de todo.

Ahora solo existo yo. Al cabo de un momento, ni siquiera eso.

© Ricard de la Casa – texto e imagen junio 2016

Puede ver la imagen en grande en mi Galería de FLICKR

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