Paseando bajo la nevada

Este es Zac, mi perro. Un Bulldog francés de 17 meses y 12,5 kilos. Todo músculo y más tierno que un bollo de pan recién sacado del horno. Hacía 3 días que no paraba de nevar, por suerte le encanta la nieve.

© Ricard de la Casa – febrero 2006.

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Divagando

Ayer noche estuve en un concierto de Laura Ponte. Una cantante portuguesa de Fado. Disfrute. Había motivos para hacerlo.

Tiene una gran voz, juega con ella con sabiduría y no ofrece un repertorio encorsetado, sino que se atreve a improvisar, a experimentar. En algunos momentos no sólo disfruta el oído, sino que también lo hace la vista.

Mientras estaba escuchando, mi segunda mente (aquella que suele divagar en forma secundaria), volvió a recordar una idea para un relato o novela. Toda la gente de un lugar (como la sala en la que me encuentro) es secuestrada y llevaba a algún lugar ignoto. Un lugar del que no tienen referencias, del que no pueden escapar. Allí, el grupo de personas, en este caso unas mil, se entrecruza con sus miserias, sus problemas y sus heroicidades. Las máscaras caen y los humanos, sometidos a la presión del miedo a lo desconocido, sucumben a sus propios temores.

La idea me gusta y como siempre vuelvo a recordar que hay pocas ideas originales a las que recurrir que no hayan sido ya utilizadas. En este caso me viene a la memoria, y no es el único, a nuestro gran Luis Buñuel y aquella gran película surrealista que hizo en México titulada “El ángel exterminador”.

En el fondo se trata, exactamente, del mismo argumento.

Y sigo divagando