Probablement déu no existeix

Probablement déu no existeix. No et preocupis. Gaudeix de la vida.

Pel que sembla, segueix sense agradar-nos que la gent pensi de manera diferent. Si no, no es comprèn el rebombori que aquestes setmanes ha estat creixent sense parar amb les reaccions d’alguns grups contraris que altres posin en dubte l’existència d’un ésser superior. És clar que admetre, encara que sigui únicament una probabilitat, que Déu no existeix pot fer tremolar tot el sentit que qualsevol ha donat a la seva vida. Puc entendre que a alguns no els agradi, com a mi no m’agraden altres coses, però no poden de cap de les maneres, sentir-se ofesos, senzillament perquè facin ús dels mateixos drets que la resta de ciutadans.

La campanya que s’està fent a Anglaterra i que s’ha exportat aquests dies a Espanya amenaça de polaritzar el debat i també de treure a la llum l’ateisme i l’agnosticisme, que, com altres opcions de la vida personal, sembla que estan millor, per una majoria de gent, tancats en un armari, per no molestar. Seré sincer si dic que quan vaig llegir l’anunci anglès el vaig trobar molt adient tant en la forma com en el fons, respectable i respectuós. L’important és saber per què es realitza aquesta campanya, quin n’és el motiu, donat que la rèplica que alguns grups han volgut donar a aquest anunci oblida justament el desencadenant.

Deia la impulsora de la idea Ariane Sherine que va veure publicitat cristiana evangèlica en què se citaven frases de la Bíblia i en què s’incloïa una adreça web on es condemnaven els no-cristians a morir cremats a l’infern. És un fet demostrable que la por ha estat sempre un dels arguments preferits per aconseguir qualsevol propòsit. L’amenaça d’un infern etern, sense salvació per als pecadors, i també per als no-creients, contrasta, quan un es posa a pensar seriosament en aquesta afirmació, amb la idea d’un Déu bondadós, capaç de perdonar; compassiu, en definitiva. L’eterna cremació visualitza la idea d’un Déu sense misericòrdia, i aquesta idea ha estat expressada, de manera reiterada, moltes vegades al llarg del temps.

Algunes manifestacions públiques que menyspreen aquesta publicitat recolzen la idea que els altres, és a dir els ateus, som tolerats en una societat on els creients sí poden, de manera multitudinària, fer públiques les seves creences, sortir al carrer a convèncer els altres que les seves idees són l’única i exclusiva veritat. El millor de tot això ha estat, i és, obrir les portes de bat a bat a la reflexió, a fer-nos pensar en totes les altres probabilitats. Això únicament ens pot enriquir, i per tant, afirmacions gratuïtes per part d’alguns que han qualificat aquesta publicitat d’estúpida cauen pel seu propi pes i no mereixen ni un mot més.

L’anunci com a tal és molt respectuós. La primera paraula expressa la tolerància amb què aquest anunci ha estat concebut. El mot “probablement” no nega res i deixa la porta oberta per no ferir susceptibilitats, al contrari de l’afirmació que ja circula en altres busos de “Déu sí existeix, gaudeix de la vida en Crist”, una afirmació taxativa que el que fa és posar en dubte el seu missatge, justament perquè no és demostrable ni contrastable. Si hom pot creure en qualsevol déu de qualsevol religió existent ara, de les religions que han existit i de les que vindran, també és lícit que l’ateisme per una banda i l’agnosticisme per l’altra puguin expressar-se en llibertat i amb la mateixa tolerància i dignitat que la resta d’opinions. Són les cares d’un mateix dau, on totes les possibilitats han d’ésser respectades.

De fet, creure i tenir fe, ser agnòstic o ateu és, en qualsevol cas, una opció personal i privada. Com diu Javier Otaola: «Si l’existència de Déu fos una evidència, no seria aleshores un motiu de fe ni d’aposta personal«.

Totes les opcions, creure i gaudir, no creure i gaudir, són igualment dignes, i el que fa en realitat l’anunci és fer-nos reflexionar i, de retruc, fer-nos més lliures en les nostres opcions personals. Per tant, benvingut sigui aquest debat, perquè el que fa és ampliar encara més la llibertat, en aquest cas religiosa, a què tot ésser humà té dret. És un bon símptoma que les coses estan canviant en el nostre entorn i ens ajudarà a ser més tolerants amb el nostre veí.

© 2009 Ricard de la Casa Pérez

Una historia de amor y de viajes por el tiempo

Hace ya unos años, Domingo Santos, escritor y uno de los más celebrados editores de revistas, me pidió una colaboración para un especial sobre ciencia ficción que la “Revista de literatura” (1) quería publicar. Pedro Jorge y yo habíamos escrito el relato sobre viajes en el tiempo ”El día que hicimos la transición”, así que lo natural fue que escribiera mi aportación sobre ese subgénero.

Presentación

Los escritores de ciencia ficción, gracias al subgénero de los viajes por el tiempo, nos han abierto nuevas puertas, nuevas maneras de enfocar nuestra realidad, y también de aproximamos a nuestro presente a través de la interacción con el neblinoso espejo del pasado y del incierto futuro.

El horizonte creativo que ofrece remontar o descender por la línea del tiempo no finaliza en el viaje en sí mismo, sino en las múltiples paradojas que ello conlleva, en los sutiles o tremendos cambios que nos proporciona. Posibilidades que los autores han conseguido exprimir hasta lo inverosímil y es que especular siempre ha sido la base para escribir la mejor ciencia ficción.

He aquí una pequeña muestra de lo mucho que ha dado de sí.

Una historia de amor y de viajes por el tiempo

por Ricard de la Casa

El paso del tiempo ha sido una de nuestras más tempranas preocupaciones, Stonhenge en Gran Bretaña, o el calendario maya son regalos de nuestro pasado que así lo atestiguan. El tiempo es una cosa muy curiosa, difícil de definir, complejo de aprehender y atractivamente relativo como Albert Einstein percibió con claridad a principios del siglo pasado. Lo más importante de esa llamada cuarta dimensión se podría resumir con: el tiempo no es la dimensión inmutable que pensamos que era, la velocidad y la gravedad modifican el espacio – tiempo, es decir cuanta más elevada es la velocidad o más intensa la gravedad, mayor es la curvatura del tiempo, más conocida como dilatación. Tan preocupados hemos estado por el Tiempo y sus posibilidades que físicos como Stephen Hawking han estudiado el asunto y creado una «conjetura de protección de la cronología», es decir algo que nos impida manipular tanto el pasado como el futuro y sobre todo que impida las paradojas. De hecho todos somos viajeros en el tiempo, tal y como las ecuaciones del físico alemán nos demuestran; haciendo uso de ellas descubrimos que, además, algunos de nosotros viajamos por el tiempo de forma más lenta que otros, claro qué, como las diferencias son tan ínfimas, somos incapaces de percibirlo. Los últimos avances intuyen la posibilidad de que, de alguna forma, el viaje por el tiempo (al pasado) no es del todo imposible. Al futuro, por supuesto, es tan sólo cuestión de dinero.

¡Pero todo eso realmente no nos importa! A los escritores de ciencia ficción nos trae, en su mayor parte, al pairo las ecuaciones y los genios. Si para escribir un buen relato o novela tenemos que saltarnos todas las leyes físicas que hasta ahora respetamos (más que nada por obligación), lo hacemos sin ningún sentimiento de culpabilidad, para eso escribimos “Ciencia Ficción”. El género literario trata de utilizar el “viaje en o por el tiempo” para situar a los personajes en lugares y momentos insospechados y lo que es peor en situaciones imposibles. Tanto nos gusta que, con el tiempo (sí, ese por el que todos viajamos lentamente por nuestras vidas) hemos creado toda una cultura del viaje en el tiempo: hemos creado ucronías, paradojas, bucles infinitos del tiempo, universos paralelos, exóticas partículas de masa imaginaria llamadas taquiones… todo un sistema por el que movernos con comodidad tanto los escritores como los aficionados a la ciencia ficción. Y si creemos que sólo hemos llegado hasta aquí, estaremos muy equivocados. Los escritores han manipulado, retorcido, puesto del revés, acelerado, detenido y hasta matado el tiempo en multitud de novelas y relatos.

Desde luego “El viaje en el tiempo” es uno de los temas estrella de la ciencia ficción de todos los tiempos. H. G. Wells ya lo utilizó a finales del siglo XIX con La máquina del tiempo(1895), y Stephen Baxter lo celebró 100 años después con Las naves del tiempo (1995), entre ambas los mejores autores han abordado este subgénero y han enriquecido nuestra forma de percibir el tiempo. Con todo su atractivo también es uno de los temas más complicados de abordar con éxito. Si sólo se toma como excusa, es relativamente sencillo salir airoso del envite, pero si el viaje es parte importante de la trama será también relativamente sencillo que asome en algún momento inconsistencias que arruinen nuestro trabajo. Como la misma ciencia ficción, el subgénero llega a ser tan rico y especulativo que permite cualquier enfoque, desde una comedia, un drama o un simple asunto de investigación policial.

Viajando por el tiempo

Uno de los aspectos que han llamado más atención ha sido la forma de afrontar el viaje en si mismo, de tal forma que, a efectos prácticos, se considera el primer viaje en el tiempo aquel que utiliza una máquina para hacerlo. Así pues el Canón del género considera a Wells y su novela La máquina del tiempo, publicada en 1895, como la primera novela, aunque en Europa, más concretamente en España, tenemos la novela El Anacronopéte, escrita por Enrique de Gaspar. En el año 1887 en la que el personaje también utiliza una máquina para viajar movida por electricidad, aunque la teoría que utiliza, hoy en día, nos suena completamente trasnochada: La atmósfera es el tiempo y el tiempo lo forman los acontecimientos, por lo que si nos elevamos en la atmósfera y giramos iremos desenrollando el tiempo y podremos viajar por él. A pesar de esta novela española, no se puede negar que fue la novela de Wells la que realmente influenció a multitud de escritores para lanzarse en esta, en aquellos tiempos, nueva vertiente de la ciencia ficción. A partir de ese punto, los escritores han creado toda una panoplia de instrumentos capaces de llevarnos por todos los siglos pasados y venideros, desde armarios, cabinas telefónicas, cinturones y hasta naves espaciales (Star Trek). Claro que para algunos escritores no son necesarias ni máquinas ni ningún tipo de artilugio, nuestra mente es la herramienta más eficaz para saltar en uno u otro sentido.

El famoso argumento de viajar al pasado, matar a tu abuelo y regresar presenta uno de los temas estrella de este tipo de relatos y novelas: Las paradojas temporales (2). Estas han sido siempre el “Talón de Aquiles” de los viajes por el tiempo y también lo que lo hace tan sumamente atractivo para los escritores. Un problema de coherencia interna que en los relatos se puede soslayar con cierta comodidad, pero que en las novelas puede, fácilmente, destrozar la realidad mejor trabajada del escritor. Una buena manera de evitarse problemas es convertir nuestro viaje en un cómodo visionado desde nuestro sillón favorito. Algunos ejemplos serían la novela Otros días, otros ojos en la que su autor Bob Shaw, inventa un “vidrio lento” que guarda en su interior, aquello a lo que estuvo expuesto alguna vez, como si fuera una vieja película. No podemos negar la influencia de la televisión en el relato El pasado muerto de Isaac Asimov, en él se nos relata las desventuras del profesor Arnold Potterley y su interés en visionar la historia de Cartago a través del Cronoscopio (es decir el visionado del pasado en pantalla) y el desaguisado que llega a montar al serle negado. Lo interesante de esta técnica es que así, al no poder influenciar en el pasado o en el futuro, eliminamos las peligrosas paradojas y sus posibles ucronías.

Finalmente los accidentes temporales también han cubierto su cuota de obras, así las “grietas temporales” que se abren inopinadamente, permite olvidarse de toda la parafernalia tecnológica que podría permitir el salto temporal y concentrarse, tan sólo, en las consecuencias. Así por ejemplo Murray Leinster nos relata en Al margen del tiempo la mezcla de líneas temporales y universos paralelos debido a un fenómeno incomprensible del que no sabemos su origen. También Philip K. Dick nos muestra como una familia es trasladada al completo hacia un futuro desvastado por una guerra en Desayuno en el crepúsculo. Espectacular ejemplo sería la película “El experimento Filadelfia” de Stewart Raffill. La película nos sitúa en 1943; dos jóvenes oficiales toman parte voluntariamente en un experimento para ocultar su barco del radar enemigo. Un error les llevará a través del tiempo a 1984, 41 años más tarde. El mismo argumento pero viajando al pasado se nos muestra en la película «The final Countdow» (El final de la cuenta atrás) dirigida por Don Taylor. En 1980 el portaaviones USS Nimitz navegando por aguas de Hawai, se traslada debido a un fenómeno de origen desconocido, al mismo lugar pero justo momentos antes de que Japón ataque la base de Pearl Harbour. Hay que decir que estas películas sólo buscan la espectacularidad, sin aprovechar todas las posibilidades que la trama podría ofrecer.

Los viajes más cercanos a la realidad

La verdad es que no hace falta alejarse de nuestra realidad física para crear buenos argumentos, así tenemos excelentes novelas que utilizan la curvatura (dilatación temporal) para alcanzar el futuro en un estado más o menos juvenil. Joe Haldeman lo utiliza en su novela La guerra interminable en la que los soldados al viajar por el espacio, y debido a esa dilatación, se encuentran a su vuelta con su planeta ya en un futuro distante. Al final de la novela la civilización que encuentran está tan distante que apenas tienen nada en común. Uno de esos soldados utiliza una nave lanzada a velocidades relativistas para esperar a su novia que aún esta de vuelta de una misión. Poul Anderson escribe en Tau cero sobre la nave “Leonora Christine” y sus cincuenta escogidos tripulantes enviados para establecer una nueva colonia que por una avería, al chocar contra una nube de desechos, es lanzada también a velocidades relativistas y eso les permite observar como el universo envejece a su alrededor.

Otra de las maneras de viajar al futuro de una forma simple es la hibernación. Muchas veces utilizada como una manera de retrasar una muerte inevitable debida a una enfermedad incurable (aunque en contrapartida luego haya que adaptarse a un nuevo mundo), y otras como una huida debido a problemas con la ley o aún mejor por deseo de venganza, como ocurre en Puerta al verano de Robert A. Heinlein, quizá una de las más creativas en ese aspecto, debido a las vueltas que el personaje hace entre el pasado y el futuro.

Moviéndose más lentos o más rápidos que nuestro entorno

Jugar con la velocidad del tiempo, en un sentido u otro, otorga grandes posibilidades argumentales. Así el escritor Juan Miguel Aguilera, nos presenta en El bosque de hielo unos seres cuyo metabolismo es tan lento que todo su entorno es un mero borrón debido a la velocidad en la que se mueven. Orson Scott Card nos describe en Un planeta llamado traicióntodo un pueblo que ha conseguido controlar su propia velocidad temporal, acelerando o desacelerando a voluntad, y por tanto envejeciendo rápidamente o permaneciendo igual mientras el resto envejece. Ese control permite por ejemplo adelantarse a sus enemigos en momentos de peligro o quedarse congelados mientras sus enemigos envejecen y mueren (yo no lo probaría por si acaso). Al contrario que AguileraR. A. Lafferty, nos muestra la otra cara de la moneda en Lenta noche de un martesdescribiendo un planeta en el que su velocidad temporal es tan alta que en una sola noche nuestra, para ellos transcurre toda una vida. Llegando ya al máximo de las posibilidades, Arthur C. Clarke nos plantea la completa paralización del tiempo en Todo el tiempo del mundo,en el que unos alienígenas llegan desde nuestro futuro unos milisegundos antes de una hecatombe nuclear que pulverizará el planeta para rescatar toda la serie valiosas obras de arte. Curiosamente, en el relato existe un pequeño fallo de lógica interna sobre la soledad del personaje, lo cual es sintomático de las dificultades que plantea escribir novelas y relatos sobre viajes temporales.

Viajes descriptivos

Algunas novelistas utilizan el viaje en el tiempo como una simple excusa para mostrarnos el pasado, evidentemente con temas y tramas interesantes y grandes personajes. Uno de los mejores ejemplos de ello sería El libro del Día del Juicio Final de Connie Willis, en él, la autora nos cuenta la vida de una estudiante del siglo XXI que decide conocer de primera mano una de las eras más mortíferas y peligrosas de nuestra historia, Kivrin que así se llama el personaje, queda varada debido a un accidente, en una Inglaterra asolada por la peste en la Edad Media. El frío, el miedo y las gentes de aquella época cobran de repente vida ante nosotros, ya que también ella, aislada y sin posibilidad de regresar, esta sometida a los mismos peligros. Otra novela de la misma autora es Los sueños de Lincoln en la que se nos traslada a los campos de batalla de la guerra de secesión americana.

También Michael Crichton en su novela Rescate en el tiempo nos sumerge en la Edad Media (una época especialmente atractiva para muchos escritores), enviando a algunos arqueólogos e historiadores, gracias a una tecnología “cuántica” que, como en otros muchos casos, tiene sus propios peligros. El mundo de la fantasía no ha estado exento de la utilización del viaje por el tiempo y el escritor Tim Powers lo utiliza en la novela Las puertas de Anubis, en la que compone un fresco tanto de la Inglaterra de comienzos del XIX, así como del Egipto de los faraones. Ángel Torres Quesada, en Las grietas del tiempo, nos ofrece la vívida visión de una Francia de principios de siglo XX, en concreto un viaje a los campos cercanos a Reims en 1918.

Otros muchos autores no han podido resistirse a esa tentación y hemos podido deslizarnos por una África remota, justo en el origen de la humanidad y compartiendo experiencias con una tribu de “Homo habilis”, en la novela Solo un enemigo: el tiempo de Michael Bishop. Otra notable aportación es la novela de Robert SilverbergPor el tiempo, en la que un guía temporal lleva a turistas por todas las edades de nuestra historia. Particularmente Silverberg se recrea en lugares y momentos del imperio Bizantino, uno tiene la sensación de, además de estar sumergido en una trama apasionante, de pasear por Bizancio y luego por Constantinopla y la bella Santa Sofía antes y después de caer en manos turcas.

La policía del tiempo

Algunos autores han optado por utilizar el viaje por el tiempo como una oportunidad para incidir en el filón ya clásico de policías y ladrones, creando cuerpos especiales para proteger y vigilar el tiempo. Uno de los ejemplos más conocidos es La patrulla de tiempo de Poul Andersondonde los esforzados patrulleros combaten los posibles cambios temporales perpetrados por los habituales y no tan habituales delincuentes. Una de las mejores novelas escritas sobre el asunto es El fin de la eternidad de Isaac Asimov, en la que los extraños eternos vigilan a la vez que realizan pequeños cambios para que de historia siga siendo la que era, es o será. Hasta yo mismo, junto con Pedro Jorge Romero nos hemos metido en esos berenjenales y nos trasladamos al periodo de la Transición española en “El día que hicimos la Transición” (3) creando un cuerpo de policía que rehace todos los entuertos habidos y por haber.

Otras utilizaciones de los Viajes relativistas por el Tiempo

Hal Clement en Misión de gravedad ya apunta en la dirección de la utilización de la gravedad para manipular el tiempo. En esa novela el autor postula un planeta en el que la gravedad varía desde las 3 gravedades en los polos, hasta las 600 en el ecuador y en cómo eso afecta a sus habitantes los “mesklinitas”. La misma idea pero llevada a extremos brutales, pero necesarios para mostrar la acelerada vida de sus habitantes, la escribe Robert L. Forward en Huevo de dragón. El autor nos sitúa en una estrella de neutrones y con unas condiciones que podríamos tachar de infernales: una gravedad que casi alcanza las setenta mil gravedades en una esfera de menos de veinte kilómetros. Sus habitantes, los cheela, experimentan un día en tan sólo 200 milisegundos de los nuestros, o lo que es lo mismo experimentan en una hora el equivalente de más de cien años de nuestras vidas. Eso significa, para los humanos que les observan, ver avanzar su civilización en apenas unas semanas, y hasta superarnos tecnológicamente…

Viajando sin máquinas

Algunos escritores prefieren obviar toda la parafernalia física del viaje y prefieren que sus personajes lo hagan con el simple poder de la mente. Memorias de Mike McQuay, es un claro ejemplo de ello. Los viajeros pueden retroceder al pasado a través de las mentes de todos sus antepasados, padres, abuelos y así hasta llegar al principio de los tiempos. Al llegar el viajero temporal, su familiar queda relegado y el viajero toma el control del cuerpo, lo mejor es que el personaje puede vivir cualquier aventura si arriesgar nada.

Sólo información

Sin duda una de las novelas más realistas sobre el tiempo, por su planteamiento y ejecución es Cronopaisaje, de Gregory Benford. En ella lo único que viaja por el tiempo es información. Para transportar los mensajes el escritor utiliza los taquiones, unas partículas sobre las que se teoriza pero de las que aún no se ha probado su existencia real y que, imperativamente, no deberían tener masa, a la vez que deberían viajar más rápidas que la luz. En 1998, nuestro planeta está al borde de la crisis total, tanto económica y social como, lo que es aún peor, ecológicamente. El personaje John Renfrew intenta enviar un mensaje al pasado (1962), avisar a Gordon Bernstein de los peligros y desastres que les deparará el futuro y así evitarlos antes de que se produzcan. Sin duda, una de las mejores novelas sobre el tema del viaje por el tiempo

El huevo y la gallina

La idea de la causalidad es que una causa debe preceder siempre a su efecto, así que muchos autores se han decantado por un tipo de obras en las que, finalmente, algo, sea la misma máquina del tiempo, o incluso las obras completas de William Shakespeare, salen de una chistera mágica. Más allá de los clásicos relatos en los que se retrocede en el tiempo para matar a tu propio abuelo con la sana (o insana dependiendo del punto de vista) intención de desbaratar la causalidad, muchos autores han trabajado de forma hilarante este asunto. Así en El ladrón en el tiempo de Robert Sheckley, su personaje Thomas Eldridge le vienen a detener por unos delitos cometidos 8 años en el futuro, año en el que inventa la máquina del tiempo. El pobre hombre es llevado de un sitio a otro, sin saber cómo ni porqué durante todo el relato, manipulado por su yo futuro y al final el mismo se transforma en ese otro yo futuro por el mero peso de los acontecimientos (otro problema para el autor, ya que siendo el mismo personaje hace falta distinguir, para el lector, a uno del otro). Al final la máquina del tiempo aparece creada como por arte de magia, en realidad no sabemos como se creó ni donde vivió el personaje esos 8 años.

Otra estupenda aproximación al mismo asunto es la de José Mallorquí y su relato «Misterio Mayor» en la que el catedrático Rufus Tooth desea develar si las obras del famoso autor inglés eran realmente suyas o de otro autor (Bacon), para (y debido a un problema con la máquina del tiempo, que no puede regresar al mismo punto en el que ya estuvo) regresar con el auténtico Shakespeare al presente y dejar allí, en el pasado a un personaje que toma su identidad y escribe, de memoria, sus obras.

Con todo, uno de los relatos más retorcidos en este aspecto es el de “Todos vosotros, zombies…” de Robert A. Heinleinen el que el personaje y gracias a sucesivos viajes al pasado consigue ser su propio padre y madre cerrando un circulo difícil de cuadrar. Este relato fue llevado a la pantalla grande en 2014 con el título «Predestination», dirigido y guionizado por los hermanos Michael y Peter Spierig.

Bucles de ida y vuelta

Difíciles de tratar, por lo complicado de escribirlos sin aburrir al lector, es sumergirse en narraciones donde el personaje queda atrapado, sin posibilidad de escape, en un bucle temporal, viviendo constantemente un cierto periodo de la vida. Una estimable aportación es Volver a empezar de Ken Grimwood, Premio Mundial de Fantasía, en la que su personaje, Jeffrey Winston, muere a los 43 años, y su conciencia retrocede hasta el momento en que tenía 18 años, recordando todos los detalles de su vida posterior. El ciclo se repite indefinidamente, una y otra vez lo que le permite encauzar de nuevo su vida sin los errores que creyó cometer en el pasado. En el séptimo arte, y sin llegar a la profundidad de la novela de Grimwood, la película «Atrapado en el tiempo» trata el mismo asunto, aunque aquí el ciclo es de tan sólo 24 horas, y el cambio se produce al dormirse el personaje Phil Connors (interpretado por Bill Murray)

Uno de los relatos más completos y redondos que he leído nunca respecto a los bucles ha sido “Dragones en el centro”, de Joaquín Revuelta, el que se nos muestra el otro gran peligro del viaje por el tiempo: Un comando que viaja por el tiempo trata de rescatar a uno de sus hombres del bucle en que ha caído para toda la eternidad (el terrible momento de su muerte a manos de un Dragón de escarcha, si ya es malo caer en un bucle, imaginen uno en el que te matan continuamente…).

Extraños usos del tiempo

Algunos autores han utilizado el Tiempo como un asunto marginal aunque no exento de poesía, así Dan Simmons en Hyperion nos muestra que la inventiva sobre el uso temporal no tiene límites. En ella se nos cuenta que unas extrañas e incomprensibles “Tumbas del Tiempo” están a punto de abrirse. Tan desconocidas que ningún personaje tiene ni idea de lo que contienen (contuvieron en el pasado o contendrán en el futuro) y que unos peculiares campos antientrópicos mantienen cerradas. Aparece algo o alguien llamado “Alcaudón” sujeto a unas “mareas del tiempo”, y no sólo eso, uno de los 7 personajes centrales, “Sol Weintraub”, también llamado el “Judío errante” viaja con un bebe de pocas semanas, una niña llamada Rachel que antes fue mujer y que ahora viaja por el tiempo en sentido contrario al resto de la gente y por consiguiente se haya en peligro de morir al traspasar no ya la línea de su nacimiento sino la de su propia concepción.

El relato de Ray Bradbury “El ruido de un trueno” ilustra perfectamente lo que se ha dado en llamar «el efecto mariposa». Es decir el hecho de que cualquier acción que llevemos a cabo en el pasado, por pequeña que sea, pueda producir un gran cambio en el futuro. Así, viajar al pasado remoto y matar sin darnos cuenta una simple mariposa puede dar como resultado el que, a volver a nuestro mundo, descubramos que ya no existe tal y como lo conocíamos. Los cambios son tan profundos que es como si visitáramos otro planeta. Nuestra pequeña acción, una al parecer insignificante muerte, produjo una reacción en cadena de enormes e insospechadas consecuencias. Esa es precisamente la premisa que utiliza Robert Lee Zemeckis en «Regreso al futuro«.

La ya citada Connie Willis, que ya ha utilizado en multitud de novelas el viaje por el tiempo, en su novela Por no mencionar al perro y en otras ya mencionadas en este artículo, introduce la limitación de no poder llevar ni traer nada de los viajes, Alfred Bester impide en La opción de Hobson que nada biológico pueda viajar, lo cual supone un montón de problemas para los viajeros.

El argentino Alejandro Alonso en La ruta a trascendencia, nos presenta a todo un pueblo que es capaz, debido a un accidente que altera el espacio- tiempo, de percibir líneas temporales hacia el futuro y el pasado que, aunque de forma difusa, se prolongan algunos días en ambos sentidos. Parecido a AlonsoBrian Aldiss escribe en El hombre en su tiempo, sobre un astronauta que al regresar del primer viaje a Marte se da cuenta de que puede ver lo que ocurrirá en breve. Este relato es también un ejemplo de lo complicado que puede ser escribir sobre el tiempo, ya que si la idea es que existe un desfase temporal entre ambos planetas, el astronauta debería haber percibido, de igual manera, el pasado al llegar a Marte.

Una terrible visión de futuro y un problema moral es lo que nos plantea Philip K. Dick en el relato “El informe de la minoría” que Steven Spielberg hizo famoso llevándolo al cine hace unos años con el título «Minory Report«. ¿Es lícito detener aquellos que cometerán un crimen en el futuro? Con esa idea Dick explora la posibilidad de saber en el presente y gracias a unos humanos llamados precog (humanos capaces de vislumbrar lo que ocurrirá) los delitos (en general asesinatos) futuros. La idea se retuerce hasta el infinito cuando el acusador se convierte en acusado pero…. ¿cómo defenderte si aún no has cometido el asesinato?

El deporte nacional, el fisgoneo, también logra su particular rincón en los usos del viaje: echar un vistazo al pasado y enterarse de primera mano de lo que allí se habló, lo que ocurrió realmente, resolver un asesinato o simplemente enterarse de algún secreto muy bien guardado. El relato de Isaac Asimov, «El pasado muerto» es un curioso ejemplo de esa perdida de intimidad por el uso morboso o interesado de esa tecnología. Muchos de estos relatos obvian un problema importante y es que si hay gente que quiere asistir en vivo y en directo al evento, las multitudes que se podrían llegar a acumular en lugares concretos, serían enormes y por tanto imposible de disimular. El chiste esta en pensar que por ejemplo las multitudes que escucharon el sermón de la montaña de Jesús o asistieron a los espectáculos del Coliseo Romano eran (son) todos viajeros del futuro o mejor de otras épocas.

Un ejemplo del culmen de cómo los escritores de ciencia ficción encuentran el más difícil todavía, lo podemos encontrar en el relato “El armario temporal” de los esposos Henry Kuttner y C.L. Moore, escrito bajo el seudónimo de Lewis Padget. En este magnífico cuento, un científico inventa un armario en el que existe, además de un cambio dimensional, el desfase temporal de una semana hacia futuro. Es decir, el viajero logra ver desde dentro de ese armario lo que existirá al cabo de eso siete días y desde luego interaccionar en ese futuro. En la trama el protagonista logra asesinarse a sí mismo sin darse cuenta de ello. A estas alturas retroceder en el tiempo para matar a tu propio abuelo parece ya un argumento infantil y nada complejo.

El relato que riza realmente rizo hasta sus últimos extremos es “El reposo del viajero” del inglés David Mason, que nos presenta un mundo en el que tiempo se mueve distintas velocidades de una forma horizontal a estratos según la altitud. La ingeniosidad con la que Mason nos plantea un mundo con estas características y lo que en él ocurre, convierten su relato en una de las obras más originales sobre el tiempo y todas sus variaciones.

La poesía

Algunas obras pueden ser tan sutiles que el lector apenas intuye los viajes en o por el tiempo reflejados en ellas. Sin embargo, pueden desprender tal belleza que uno queda seducido incapaz de soltar el libro o la revista, como es el caso del relato “Directos a Portales” de Connie Willis (4), autora ya citada en diversas ocasiones en este artículo.

En el relato se nos cuenta la vida de un aburrido vendedor que tiene que pasar un día en un pueblo llamado Portales. Sin nada que hacer, hastiado, sube a un bus que hace un recorrido turístico en torno a la vida y la obra del escritor de ciencia ficción Jack Williamson. Tras su divertida trama, el relato esconde una metódica concepción que lo hace excepcional, en la cual cada palabra, cada frase, no es casual y hace que su lectura cobre, para los habituales del género, un gratificante sentido.


Y más, mucho más.

Es probable que el sueño de viajar en el tiempo y cambiar nuestro pasado para así mejorar nuestro presente o futuro esté tan firmemente arraigado en la mente humana que no podamos evitar volver a él una y otra vez.

Comentar todo lo que ha dado de sí el viaje por el tiempo y sus rocambolescos vericuetos necesitaría todo un grueso volumen y me temo que aún así se quedarían en el tintero muchas grandes ideas, muchos estupendos relatos y muchas increíbles novelas. Desde luego no están todos los que son, pero sí son todas las que están. Este resumen cubre el panorama de todos los retorcidos rizos que los autores han creado para sumergirse en el vórtice temporal y explorar las consecuencias del buen y el mal uso de esta tecnología utópica.

Mi amigo y co-editor Pedro Jorge Romero al final de la entrevista que realizamos para nuestra revista BEM a Connie Willis, una de las autoras que mejor y más han explorado el tema de los viajes temporales le preguntaba:

—¿Así que toda gran historia es una historia de amor y de viajes en el tiempo?

Y la gran autora norteamericana le respondía después de meditarlo unos instantes:

—Sí, eso es lo que creo. Eso es lo que creo.

Y yo estoy completamente de acuerdo con ella.

Imagen de portada (2015) y texto 2006  © Ricard de la Casa Pérez


NOTAS

(1) Revista de Literatura: Centro de Comunicación y Pedagogía nº217.

(2) El viaje en el tiempo es, sin duda, uno de los temas más abordados por la ciencia ficción. Desde H. G. Wells con Time Machine autores como Tim Powers (Las puertas de Anubis), Fritz Leiber (El Gran Tiempo), Isaac Asimov (El fin de la Eternidad), Alfred Bester (Computer Connection), Clifford Simak (Un anillo alrededor del Sol), Dan Simmons(Hyperion) y muchos más han llenado página tras página con relatos en los que las paradojas del viaje en el tiempo son el punto principal. También el cine se ha ocupado exhaustivamente de este tema, basta con recordar: «Freejack«, «Time Cop«, «Terminator«, «Back to the future«, «12 Monkeys«, «Star Trek IV: The Voyage Home» y «Star Trek: First Contact» entre las últimas (sin olvidar a la espléndida «The Navigator» de Vincent Ward con un muy singular enfoque del viaje temporal) así como numerosas series de televisión como la recordada «Time Tunnel» o «Quantum Leap«.

(3) Puede leer el relato «El día que hicimos la Transición aquí

(4) El relato fue publicado en la revista BEM, número 71 con traducción de Pedro Jorge Romero y gano el Premio Ignotus del año 2000.

Crítica, el análisis perverso

Presentación

Escribí este artículo hace ya treinta y cuatro años. Lo primero que eso indica es que ya soy viejo, y lo segundo que quizá ya esté desfasado. Buceando entre mis archivos rescatados que han viajado entre varios discos duros a través de décadas, me lo encontré el otro día. Fue publicado en uno de mis fanzines preferidos y que desgraciadamente no tuvo continuidad. Se trata de «no ficción» una revista no profesional, un fanzine, creado y dirigido por mi buen amigo Pedro Jorge. Siempre he tenido por Pedro una admiración absoluta y, cuando me ha dejado, he colaborado con él. He escrito artículos para él, hemos dirigido otra revista no profesional juntos, BEM, e incluso hemos escrito juntos el que yo considero (imagino que él también) nuestro mejor y más internacional cuento. Hace más de treinta y cinco años que somos amigos y es una de las personas más inteligentes que conozco. Ser su amigo me ha permitido disfrutar de uno de los mayores placeres que se puede obtener en este planeta, su conversación.

Hoy repasando el artículo apenas he cambiado alguna palabra, no está mal para siete lustros, me siento ciertamente orgulloso de ello. Tiene detrás una pequeña historia. Lo escribí escocido tras haber escrito la crítica de un libro que otro crítico puso a caldo. Un día, meses después, hablando con ese crítico que me criticó (la reiteración es decididamente a propósito) me comentó que sabía porque la había escrito. Él era la razón por supuesto, o mejor dicho su artículo. Ahora me río de esas pequeñas anécdotas y debo agradecerle que lo hiciera, Eso espoleó mi materia gris para trabajar más y mejor.

Lo que sacas de esto es que si te metes en estos berenjenales es importante hacerse con una gruesa piel de elefante para ser capaz de extraer conclusiones sin que te vaya la vida en ello.

Crítica, el análisis perverso

Aunque escribir una crítica decente, y sólo eso, parezca en principio un trabajo fácil y algunos lo hagan parecer tarea sencilla, la realidad nos demuestra que la cosa es algo más complicada de lo que se preveía. Escribir una buena crítica está sólo al alcance de unos pocos escogidos que gozando de un cierto estilo, tienen muy claro ciertas premisas básicas. El crítico se enfrenta a la novela con varios retos ante él, ya que hay muchos factores diseminados a lo largo del camino que pueden hundir la empresa. El cóctel de todo esto, dada la cantidad de ingredientes, no suele tener las primeras veces, muy “buen sabor”, luego a base de insistir cabezudamente, empiezan a llegar las primeras satisfacciones y es que con el tiempo uno puede llegar a convertirse en “crítico” afamado, pues como en multitud de cosas la experiencia es un artilugio básico en estos menesteres.

Antes incluso de ponerse a escribir una crítica, tenemos que pensar en algunos aspectos de está. ¿Por qué deseamos escribirla? ¿A quién va dirigida? ¿Qué tipo de crítica pretendemos hacer? Si estas cuestiones no se muestran evidentes, empezamos por mal camino, ya que se supone que un crítico no nace por generación espontanea, como algunos divertidos alienígenas de nuestras novelas favoritas, sino que ha recorrido un camino más o menos largo desde lector pasivo, activo, y por fin fan o profesional participativo.

La primera pregunta es retórica por supuesto, este no es el lugar adecuado para argüir los motivos o preferencias para llevar adelante semejante acto, pero al menos deberíamos poder discernir el impulso que nos mueve a comentar para bien o para mal una novela, sea por lo mucho que la disfrutamos, padecimos, lo indiferente que nos dejó o quizá por la obligación contraída con alguien, factor este que suele tener una amplia cuota de influencia.

Antes de abordar la concepción de una crítica debemos saber quien nos leerá, es decir el tipo del público al que va dirigida y por tanto escribir a la altura de ese lector ¡si podemos por supuesto! Saber a quien va dirigido el comentario hará desechar o profundizar aspectos de esta, que pueden influir positivamente o negativamente en su lectura, puede darse el caso, de hecho se da, que el lector se pierda entre citas a otros estilos, novelas u autores; o que se realicen comparaciones que el comentarista asume como ampliamente conocidos por la mayoría de sus lectores y que luego no es así.

No es lo mismo tener una columna en una revista de información general, que en un diario o en un fanzine especializado. Cada uno tiene un tipo de público que, en el algún caso, se puede mezclar pero que evidentemente no se puede tratar de la misma forma. La última pregunta es tan importante como las anteriores ¿cómo debemos enfocarla? No es lo mismo pretender simplemente informar de cómo es una novela sin hacer juicios de valor que catalogarla, es decir ponerle una “etiqueta”, al estilo de índice o hacer una evaluación a conciencia.

Las tres derivaciones son validas, pero a todas luces las dos primeras no deberían presentarse bajo el nombre de crítica, ya que en todo caso un comentario informativo o una catalogación no llega a diseccionar en profundidad la novela, ni extrae un perfil, ni llega a unas conclusiones. Sólo la última, permite un examen detenido de la novela, y aquí es donde comienza el berenjenal donde sin darnos cuenta nos hemos metido. Aquí es donde están agazapados la multitud de factores a la espera de hacernos fracasar en el loable intento. Así pues visto que la cosa se complica ¡vayamos por partes!

La estética, es el primer factor que nos encontramos. Una estética informal, preocupándonos más de nuestro propio estilo, buscando aspectos lúdicos o humorísticos y dejando de lado lo principal que es la novela pueden de entrada hacer fracasar nuestro mejor intento.

También hay que tener en cuenta que cuando uno se lanza al ruedo, se obtiene a la vez el carné de criticable, y aunque a uno no debiera en principio importarle el ser llamado inquisidor, voraz almorávide de la ciencia ficción, jomeinista, zamacuco o mequetrefe, parafraseando a César Zumelzu, esa posibilidad, esta presente en el momento de plasma sus ideas en el papel y por tanto le afecta de manera inconsciente.

Debemos por supuesto cuidar nuestro estilo, tenemos que aderezar todo el plato con los condimentos que cada cual crea más interesante añadir, pero sin que estos lleguen a tapar el sabor original. Dentro de este apartado hay que incluir la ética, pues en el momento de escribir, uno debe dejar a un lado resquemores o intereses ligados a personas que están detrás de esa novela en concreto, por ejemplo los directores de colección. Muchas de las personas que se “mueven” en este ambiente, trabajan en el mismo circulo de producción y edición o al menos no son ajenos a esos circuitos y ello puede llevar a “inconscientes”, o no tanto, influencias de signo positivo o negativo según sea el caso. Además y como una concesión muy especial a los puristas antes de empezar a escribir, hay que hacer un acto de desmemorización consciente y olvidarse del verbo “gustar”, se evitan muchos disgustos, ya que precisamente no es “peccata minuta” descender a semejante grado de indiscreción.

Una visión circunscrita a la novela es otro factor de desestabilización. Primero hay que saber desmenuzar la novela completamente para luego volverla a montar, de esta manera obtendremos una perspectiva de vista de pájaro de aquello que pretendemos juzgar, no sea que solo veamos la superficie del relato y se nos escape la verdadera historia que el autor nos quiere contar. Pero no sólo eso, uno debe tener siempre en cuenta otros aspectos que pueden influir decisivamente. Por ejemplo, la visión subjetiva, es decir escribir bajo la particular luz del crítico puede “teñir” de forma indeseada el escrito. Las particulares afinidades de cada uno: temas, autores, estilos son imponderables difíciles de superar. Ser objetivos y obviar nuestros propios gustos, es una meta lejana, pero debe ser perseguida en pos de un comentario equitativo.

Teniendo todo esto en cuenta, nos sumergimos en la parte más importante del comentario, la técnica empleada por el autor. Por un lado debemos prestar atención a su estilo, saber discernir entre : propios u originales, anodinos, vulgares o plagiados es importante. Apercibirse de los elementos armónicos como la sobriedad, lógica, agilidad, sencillez, intensidad, vistosidad o de sus antónimos o discrepantes, ayudarán a hacernos una mejor composición del “mapa” de la novela. Con todo, normalmente el meollo se circunscribe al trasfondo de la novela, el argumento en si, o mejor dicho el tema que subyace en aquello que se nos cuenta y aquí entramos en una discrepancia, ¿hasta que punto es licito explicar y desvelar fragmentos o incluso la novela entera? Se supone que la crítica debe ayudar, en parte, a seleccionar el material a sus lectores y por tanto hay que ser cauto y no desvelar algo que el autor de la novela ha preparado cuidadosamente. De nuevo el buen juicio del comentarista deberá tomar la decisión adecuada según la circunstancia que se le plantee. Estudiar la estructura de la novela, las ideas vertidas, la originalidad del tema, la caracterización y realismo psicológico de los personajes, los diálogos, la ambientación, el fondo… Es básico para llegar a hacer un análisis correcto.

Ya tenemos elementos suficientes para juzgar debidamente, pensaran algunos, y en realidad apenas hemos comenzado a entrever la cantidad de factores a tomar en cuenta. Por ejemplo no hemos hablado de los aspectos paralelos, punto vital para enmarcar correctamente a una novela, así habría que conocer la trayectoria del autor, sus manías, sus problemas, sus gustos y aficiones, saber si la novela forma parte de una serie, o peor, si es la secuela de un éxito editorial, o simplemente es la primera novela; a estas alturas no me atrevo a decir única debido a la cantidad de secuelas que se escriben en virtud de exclusivas razones monetarias. Se debería conocer bastante la corriente a la que pertenece la novela y su momento histórico, es decir cuando fue escrita y que gustos imperaban en ese momento.

Y por fin llegamos a la madre del cordero y el huevo de Colon. ¿Como evaluamos todo esto? Las dos corrientes mayoritarias dicen: 1/Pongamos una nota, como en el cole, que más da que sean números, estrellas, o dos silabas. 2/No pongamos nada, que cada cual saque sus conclusiones del texto. Ambos sistemas tienen sus virtudes e inconvenientes. En el primer caso, poner una nota ayuda a formarte una opinión más rápidamente pero puede perjudicar o beneficiar a la novela sin que sea intención del crítico hacerlo. Aquí no estamos en clase de matemáticas donde dos más dos suman cuatro, aquí pueden ser 3 o 5. Una novela puede tener una trama muy original, tener unos personajes increíbles, una lógica impecable… y un estilo desastroso, la suma de todo ello es una novela espeluznante. Si nos ponemos a hacer combinaciones veremos que no siempre es así, si intentamos una evaluación separada, nunca podremos sacar la “media” pues esta no será real. En el segundo caso, obviamos el fallo pero a costa de caer en la confusión, sólo las obras maestras y las indigeribles quedaran suficientemente claras para el lector. Si no es así, para todas las que navegan por la amplia medianía entre lo perfecto y lo imperfecto se corre el peligro de dar una de cal y una de arena sin saber a que atenerte y sin saber que argumentos tienen mas peso, si las virtudes o los defectos. Como siempre la solución se halla a medio camino entre los dos sistemas, un puntuación lo suficientemente amplia que actue como indicador o termómetro del interés de la novela, que sea tomado simplemente como eso y no como “verdad absoluta” y sobre todo estructurar la crítica de forma que tenga en cuenta este aspecto y no pueda inducir a confusión. Resumiendo: hay que cocinar, como en las encuestas, nuestras conclusiones para poderlas ofrecer de la mejor manera posible.

Podríamos seguir así, pero lo importante es remarcar donde nos conduce todo ello “la especialización”, ya que se hace difícil poseer amplios conocimientos de todos los elementos mencionados. Hay que tener bastante “fondo” para lograr escribir una buena crítica, con todo, no es tan complicado si uno se maneja dentro de una colección, autor o tema, lo peor es mantener el tipo y no aburrirse a si mismo y a los lectores diciendo las mismas cosas constantemente. No hay reglas de oro para hacer buenos comentarios, pero si dos buenos consejos: ¡Léanse antes la novela! Parece absurdo dar este consejo pero no lo es y una vez escrita la crítica, reléanla y pregúntense si con la mitad de palabras empleadas, se podría decir lo mismo, ya que lo que dijo Lope de Vega y a pesar de que la frase tiene cientos de años, y ha sido más usada que el papel higiénico, sigue en plena vigencia: “Lo bueno si breve dos veces bueno”.

Ahora si que hemos llegado al final, o lo que parece un final, ya que en realidad lo arduo empieza justo ahora, cuando decides ponerte sobre ello. Pero tampoco se preocupen mucho, lo mejor de todo este asunto, es que algunos a pesar de esta carrera de obstáculos consiguen hacer buenas críticas y unos pocos consiguen que hasta sean divertidas, y todo ello sin leerse este artículo, lo cual tiende a reafirmarme en la sospecha de que simplemente no sirve para nada lo dicho, y de que se puede pasar olímpicamente de él a la hora de escribir un excelente comentario.

© Ricard de la Casa, 1 de abril 1990 — noviembre 2014 . Para el Fanzine “no ficción”

Populismo

El patético artículo de Esperanza Aguirre hoy en el Diario ABC (5/9/2014), «El Populismo» muestra a las claras hasta dónde se puede llegar con tal de intentar alcanzar tus objetivos.

No doña Esperanza, usted no es el poeta Jaime Gil de Biedma, por más que comparta apellido y la utilización de Yeats clama a la más burda de las manipulaciones. Como tampoco lo es relacionar el nazismo, Hitler, Goebbels con Pablo Iglesias y Podemos. Sencillamente siento asco de ver como asocia palabras para obtener pingues beneficios, en base al temor de la gente, en base a gritar algo tan gastado como ¡Qué viene el lobo! Usted no es la primera, y por desgracia tampoco será la última. Es algo tan habitual, que ustedes se han apuntado al mismo carro del populismo, la demagogia y de la manipulación como medio para alcanzar sus objetivos.

Por suerte, la España del siglo XXI no tiene nada que ver con aquella Alemania de mediados de los años 20 y principios de 1930. Los españoles y resto de europeos están a años luz de aquella sociedad con un gran porcentaje de iletrados. Además, las tecnologías actuales nos permiten analizar, discriminar, sopesar con detenimiento todos la información que nos llega. Se acabo el tiempo en el que la información llegaba sesgada, o simplemente no llegaba.

No señora Esperanza Aguirre Gil de Biedma, no es ninguna sorpresa que Podemos haya aparecido. Es algo de lo más normal y la historia tiende a repetirse. Cuando la situación de los partidos políticos clásicos está tan deteriorada, cuando es imposible leer un diario, escuchar la radio o ver la tele sin que sientas vergüenza de la cantidad de defraudadores y ladrones que pululan a nuestro alrededor. De la cantidad de políticos de todo signo dispuestos a venderse por una bolsa de monedas y de hacerlo con una desfachatez rayana en el insulto, como si fuéramos los invitados de piedra a su particular fiesta en la que lo único que hacen es reírse de nosotros, no es que sea normal, es que se hace necesario canalizar toda esa rabia y frustración en busca de soluciones.

¿Cómo cree que me sentí cuando Carlos Fabra decía: “No han entendido nada” refiriéndose a su aeropuerto o cuando Maria Dolores de Cospedal soltaba aquello de “una indemnización en diferido en forma de simulación”. Ni usted ni ellos pueden dar clases de ética precisamente. No necesitamos salvadores de la patria que nos vengan a demostrar con apasionada intensidad lo mucho que aman a la libertad cuando día a día nos enseñan que justamente lo suyo, es todo lo contrario, coartar libertades, eliminar el progreso social y sustituirlo por el beneficio de unos pocos.

Usted es el ejemplo más preclaro de esas políticas y no tengo que demostrar nada. Cualquiera puede acudir a las hemerotecas y averiguar qué se hizo y cómo para sacar sus propias conclusiones.

Democracia es la voluntad de la mayoría, a veces nos equivocamos al otorgar una mayoría. Ha ocurrido, ocurrirá, no es ni extraño, ni perverso.

Defienda sus ideas pero, para ello, no manche, ni atemorice a los ciudadanos. Eso sólo significa que usted no tiene argumentos. Ahora resulta que usted me tiene que explicar a mi, lo que es una manipulación y hacerme ver que me están engañando. ¿Dónde me sitúa eso? Me dice que no soy capaz de discernir, ni de evaluar. Si quiere discutir o debatir argumentos hágalo pero no me ponga usted como excusa. Y sobre todo no manipule. Yo le diría que se ilustrara un poco más, no por incluir en su artículo más nombres le va a quedar este más creíble ni más intelectual –de hecho sólo demuestra su poca perspectiva–. Le sugiero que se lea en estas vacaciones “Los siete pecados capitales” de Gustavo Martín Garzo y su hija Elisa Martín Ortega, es una lectura refrescante que para estas fechas va realmente bien.

© Ricard de la Casa – septiembre 2014.

Matrimoni GLBT

Fa ja mesos que se’n parla. Sembla que hi ha consens que els GLBT tinguin els mateixos drets que la resta de ciutadans, és a dir a casar-se. Pel que sembla on no hi ha cap mena d’entesa és en la paraula que definirà el contracte. El que cal entendre és que el nom és tant o més important que el mateix dret.

Va ser la Revolució Francesa la que va aportar dos conceptes que han estat cabdals a partir d’aquell moment. El primer d’ells va convertir els súbdits en ciutadans i el segon va dessacralitzar una institució, el matrimoni, basant la seva legitimitat en la voluntat de les parts. Per tant ni la reproducció, ni cap mena de llei natural, ni forma religiosa o de la tradició, poden constituir arguments vàlids per oposar-s’hi. Conseqüència directa del nou matrimoni laic va ser el divorci.

Caldria recordar que s’està reivindicant un dret i no una institució. De la mateixa manera que el dret de les persones de color a la propietat privada o de les dones al vot no va significar una adhesió a la ideologia que els sustentava.

Dos són els arguments perquè la paraula matrimoni resti exactament igual per a qualsevol tipus de contraient.

El primer és molt evident: si fas el mateix, tens els mateixos drets i obligacions; si tot és exactament igual, el nom hauria de restar igual. No fer-ho és discriminatori pel col·lectiu. Si el matrimoni entre persones de color, o interracial, o la propietat privada de les dones haguessin tingut un altre nom, les desigualtats s’haurien perpetuat en el temps.

El segon és conseqüència del primer i és invisible però de resultats devastadors. Abans cal explicar que, de la mateixa manera que amb la diferència de races o de classes, la distinció de sexes ha permès organitzar una distribució no equitativa dels papers socials. Anant una mica més enllà cal explicar que la injúria com a mecanisme d’opressió és més efectiva com més dissimulada es faci o no sigui denunciada, el que Pierre Bourdieu anomenava violència simbòlica.Toni Morrison, fent una reflexió sobre el llenguatge i les formes de violència que conté, deia: el llenguatge de l’opressió fa més que representar l’opressió, és l’opressió en si mateixa. No únicament perquè és el mitjà amb el qual s’expressen el racisme, la discriminació o l’exclusió, no només perquè recorda la infravaloració social d’alguns sectors de la població, sinó perquè –i això és el pitjor– és el que la fa entrar en el meu cap, en la meva consciència. Mitjançant la injúria s’aprèn que formes part d’una (o d’unes quantes) categories inferiors.

Exemples clàssics del llenguatge en què s’exerceix una violència perversa són els anuncis de “Seients per a blancs”, “Prohibida l’entrada als negres…”. Una gran majoria encara té en el record on conduïa l’apartheid (‘separació’ en afrikaans) sud-africà.

El resultat és que si no es diu igual s’envia un missatge molt clar: estàs dient que els GLBT estan separats de la resta, formen part d’un col·lectiu inferior, diferent, i per tant aquells ciutadans que tenen accés a casar-se dient-ne matrimoni són superiors. Tots tenim prou memòria per saber on porta aquesta “violència simbòlica”: ¿algú té problemes en associar masclisme i la xacra de la violència de gènere? Tots podem recordar les pàgines dels diaris, amb notícies sobre pallisses, assassinats cada pocs dies o setmanes arreu del món i també de suïcidis d’adolescents per culpa d’aquests missatges subliminals que s’envien a la societat i que fan la seva vida impossible en un lloc, l’escola, on això mai hauria de passar.

Fem memòria: cada vegada que una minoria ha reivindicat l’accés al matrimoni (els GLBT no són els primers), aquesta institució ha canviat de fisonomia. Va deixar de ser racista quan els esclaus i els negres van poder casar-se en les mateixes condicions que la resta de la població. Va ser menys xenòfob quan els jueus, protestants i catòlics es van beneficiar de la mateixa llei civil. Va ser menys misogin quan les dones van obtenir la igualtat i en el futur serà menys sexista quan dues lesbianes puguin casar-se i menys homòfob quan l’orientació sexual deixi de ser una condició a la dita llibertat fonamental. El que cal remarcar és que ni revolucionària ni conformista la lluita per l’accés als drets iguals s’inscriu en el respecte als drets humans.

Resumint: el camí correcte és dir matrimoni a l’acte civil. Fer-ho així fa que s’enviï un missatge clar a la ciutadania. Tots som iguals! Estarem organitzant una societat plural, més rica i també més tolerant. Enviarem també un missatge clar a tots aquells intolerants que s’arroguen el dret a perpetuar la violència sobre tot el que és diferent. Per començar a barrar el pas a aquesta gent cal reflexionar sobre la importància de les paraules, del llenguatge, i actuar amb valentia.

La pregunta als nostres consellers és: ¿volem perpetuar aquell estat de coses? ¿Volem enviar un missatge erroni que deixi escletxes en el comportament dels intolerants amb tot el que és diferent? ¿O volem un futur millor per a tota la ciutadania andorrana?

Si governar i legislar és treballar perquè les ciutadanes i ciutadans visquin millor, en les millors condicions possibles, si dir-ne matrimoni no altera el contracte civil, ni existeix cap argument per anomenar-lo d’una altra manera, si a més ajuda a disminuir la violència, si ajuda que l’escola sigui un lloc més segur i més tolerant…, ¿per què no anomenar-lo com ho fa tothom?

© Ricard de la Casa – juny 2014.

Aquest article fou publicat pel diari BONDIA en data 27 de juny de 2014.

L’escala al Consell General

Amb les noves obres tinc sempre un sentit contradictori. D’una banda, si són massa clàssiques penso que no s’han arriscat a innovar. Si per contra són atrevides, la distància amb les del seu entorn les aïlla excessivament. Amb el temps ens adaptem. Així ens ha passat amb monstres com la Torre Eiffel, la mateixa Sagrada Família o qualsevol Guggenheim…

Per descomptat, la nova seu del Consell General de les Vall, al seu exterior està correctament integrada en el seu entorn. Un lloc complicat, amb solucions curioses, com per exemple les parets de pedres que la integren raonablement bé al costat de la Casa de la Vall, l’ara ja vell parlament andorrà, carregat de tradicions però sobretot d’història i anècdotes fotogràfiques, com la meva tieta Dolors Ubach repenjada a la finestra que està just a sobre de la porta ara fa més 90 anys, o el meu germà, encara un nen petit, amb les claus de Casa de la Vall a les mans…

Les zones que vaig poder visitar, són com un munt de fulls blancs encara per escriure, quasi desproveïdes de mobles, minimalista, per fi, com esperant que els humans que trepitgin el terra vinguin carregats no només dels seus somnis sinó que també ho facin aportant el seu propi equipatge. L’aprofitament de la llum natural, d’acord amb els nous temps, ha estat un dels punts forts de la nova construcció.

L’edifici evoca, salvant les enormes distàncies, el nou Reichstag a Berlín la cúpula del qual proveeix de llum la gran sala on els diputats debaten. Diria que gairebé qualsevol solució és bona si permet una lluminositat natural i sembla que aquest aspecte ha estat no només cuidat, sinó que ha estat especialment acaronat per aconseguir equilibrar els contrastos amb la llum artificial, i sobretot m’agradaria remarcar: Integrar-los d’una manera assequible. Com les cançons, allò que sembla senzill resulta ser el més complicat de solucionar; per això, va ser un continu descobriment passejar per les sales, despatxos, escales i fins i tot la sala de plens. L’únic dubte em va sortir en contemplar aquesta sala, i pensar en aquestes sessions de tarda hivernal, quan el sol es llisca més inclinat per l’horitzó i comprovar si l’orientació sud de la sala pot arribar a molestar els integrants del Consell i del Govern.

El hall de l’entrada és un senzill rectangle que acaba amb una escala il·luminada amb una lluerna al sostre. Els materials emprats, la situació dels punts de llum fan que l’entrada de l’edifici sigui tot un espectacle per als sentits.

La sala està desproveïda d’elements que trenquin o contaminin l’entorn creat. En la seva senzillesa em vaig quedar allí quiet, saturant-me de les seves dimensions i llums, malgrat els murmuris de la gent en lliscar a la recerca de les escales dels pisos superior i inferior. Només vaig haver de quedar-me immòbil. Esperant que la humanitat transformés el lloc de la forma que, vaig pensar, ressaltaria el que l’arquitecte havia buscat amb esforç. La bellesa intrínseca de l’escala en la seva anodina sobrietat i la seva llum zenital, es va elevar en comptar amb l’hàlit de la presència d’aquests ciutadans i ciutadanes que ho visitaven per primera vegada.

Mentre esperava el moment també vaig cavil·lar en la solitud dels polítics. Pot ser que es vegin envoltats de gent, però la majoria del temps estan sols. El nou Consell aconsegueix recórrer aquesta sendera accentuant aquests petits detalls. Després m’ho vaig llevar del cap i vaig pensar en la bulliciosa barreja de gent que ho transitarà en anys esdevenidors i vaig somriure. El moment va arribar. Temps, gent i lloc es van unir per formar la imatge que tenia en el meu cap i vaig disparar la càmera, una, dues, tres i més vegades. Amb prou feines uns segons més tard l’instant es va dissoldre com la boira matinal i el moment màgic es va perdre. Vaig tornar a la realitat.

Per sort la foto resta davant els meus ulls.

© 2011 Ricard de la Casa Pérez

Aquest article fou publicat pel Diari MÉS ANDORRA el dia 18 d’abril de 2011.

Amo i senyor del propi cos

Quan es parla d’eutanàsia el que cal és deixar les coses molt clares. La meva vida, el meu cos és, exclusivament, de la meva propietat, ni cap estat, ni cap religió, ni cap grup social té dret sobre el meu cos, de cap mena! Quan el Govern espanyol va anunciar una llei de mort digna, a alguns els va faltar temps per acusar-los de banals, de crisi dramàtica i altres barbaritats sense sentit. La llei no es contradiu amb el desig majoritari de viure el màxim possible; tampoc té res a veure amb el fet que totes les organitzacions socials encoratgin aquest desig. El moll de l’os es presenta quan necessites ajut per portar a terme la teva decisió de morir, les persones que tenen els coneixements es neguen, uns per convicció i els altres per por de les represàlies legals.

El projecte de llei espanyola és un pas important però que no soluciona la resta de situacions; per tant, una llei de despenalització del suïcidi assistit cada vegada és més necessària en un món tecnològic on els actuals avenços mèdics poden allargar la vida de manera indefinida. Pensem per exemple en Eluana Englaro, que va estar disset anys en coma abans de desconnectar-la o en Vincent Humbert. Fa un parell d’anys Remy Salvat (23 anys, amb una malaltia degenerativa paralitzant), després de la resposta negativa del president francès a la seva demanda d’assistència mèdica per una eutanàsia assistida, va haver de suïcidar-se sol, amagat de tothom, per protegir els seus pares de la nostra hipòcrita, perversa i cruel intolerància, «no tenim dret a interrompre la nostra vida», li va escriure Sarkozy.

Els motius que normalment s’esgrimeixen són: que perjudica la societat, que atempta contra l’ordre natural i que la nostra vida no ens pertany. Tots tres són falsos. El primer perquè l’espècie no corre cap perill i en tot cas deixa de beneficiar-la, en el segon perquè en aquest cas tota la nostra tecnologia també atempta contra aquest suposat ordre natural (de fet, no existeix cap ordre natural de les coses, només cal estudiar una mica l’evolució i biologia per adonarse’n) i el tercer perquè si no és nostre, algú ha de ser el propietari i no tinc consciència de pertinença a res ni ningú. La contradicció més flagrant és que des de temps immemorials els governants ens han enviat a morir en les guerres sense cap mena de problema per protegir interessos econòmics o de poder. On és aleshores el suposat valor de la vida humana?

És immoral forçar-nos a allargar la nostra vida i és una crueltat perllongar-la més enllà de la nostra dignitat. Quan la ment, l’aliat de la nostra consciència, es desconnecta del nostre cos, quan no existeix cap possible solució ni futur, quan has deixat clar quina és la teva decisió, hauríem de poder optar a una sortida i sobretot a una protecció legal per aquells que ens ajuden a portar a terme la nostra exclusiva decisió de morir dignament.

Cal sensibilitzar la ciutadania d’aquest problema cada dia més greu perquè tots ens podem trobar. I per aquells que es neguen a afrontar aquesta realitat tinc una invitació: una visita guiada pels hospitals i geriàtrics per donar un nou sentit a la paraula esclavatge. Estic segur que serà tot un descobriment.

© 2011 Ricard de la Casa Pérez

Aquest article fou publicat pel Diari MÉS ANDORRA el dia 17 de gener de 2011.

NOTA -5 de gener 2021-: Fa deu anys vaig escriure aquest article pel un diari andorrà. Fa pocs dies -19 de desembre de 2020- Espanya ha aprovat finalment la seva llei (deu anys més tard). Estem una mica més a prop. A Andorra encara ens falta, però caminarem sense dubtes cap a la solució.

Universitat i taxes

El cap de govern anglès, David Cameron (2010), acuitat per la crisi i la falta de diners ha decidit augmentar les taxes universitàries i això ha posat en peu de guerra a tots els estudiants del país. Segons Cameron la mesura és progressista donat que s’ha previst que els alumnes puguin retornar els diners dels préstecs necessaris quan ja estiguin treballant i els seus ingressos superin els 25000 euros anuals (ben mirat molt justet per començar a pagar). El debat està servit no únicament pels ciutadans d’aquell país sinó que també de tota Europa. En definitiva es tracta de qui suporta el gruix de la despesa de l’educació universitària. Per una banda uns diuen que com el benefici és personal, és lògic que les despeses recaiguin sobre l’estudiant qui és qui s’aprofitarà durant la resta de la seva vida. Per l’altre augmentar les taxes, significa que les classes menys afavorides tindran menys oportunitats reals d’accedir a l’educació superior. Per acabar d’arrodonir el problema cal pensar que una Universitat de qualitat necessita diners, sens dubte, i per tant no podem amagar el cap sota l’ala i oblidar quelcom fonamental.

Tinc clar que Cameron ha comés un greu error i que molts dels seus ciutadans pagaran per ell. Penso que l’estat, com fins ara, s’ha de fer càrrec del gruix d’aquesta despesa, sense menysprear cercar altres ingressos (investigació, filantropia etc.), incloent unes taxes mínimes per tots els estudiants -amb capacitat d’accedir a beques i préstecs personals específics-. Traspassar aquestes despeses als estudiants farà que molts d’ells renunciïn a entrar a la universitat per por a endeutar-se encara molt més del que ja costa actualment. A Andorra en sabem molt del que costa això.

Posaré un exemple del que passa al nostre país: Perqué tan govern com comuns subvencionen les guarderies? Perqué els diners de tots han de ser servir per alleugerir la carga econòmica d’aquells que han decidit tenir fills? La resposta sembla clara, els beneficis de polítiques que estimulin la procreació son necessàries perque el país tingui un futur i traslladant aquest exemple al tema de les taxes, encara que l’impacte dels estudis universitaris sigui menor pel país que la resta d’estudis (primària i secundaria), si que en realitat tenen un impacte important en la població i a la llarga també el mateix país s’aprofita d’aquesta formació. Un país amb ciutadans més preparats pot afrontar millor els problemes i oferir més capacitat i creativitat en tots els ordres econòmics i socials. Pot en definitiva, i és del que es tracta, tenir uns ciutadans més satisfets i més feliços i aquesta deuria d’ésser la meta de qualsevol govern.

Els gens que tenim, és a dir la nostra capacitat personal o l’intel·ligència, deuria d’ésser l’únic factor discriminatori a l’hora de poder fer una carrera universitària. De fet aquestes taxes deurien d’ésser debatudes únicament en funció de l’equitat i de la seva eficàcia. Deixar fora del circuit universitari a nois i noies per motius exclusivament econòmics sense tenir en compte la seva intel·ligència i capacitat em sembla la pitjor de les condemnes no tant sols per a ells sinó a la llarga pel mateix país. A Andorra de moment tenim unes taxes acceptables però no podem deixar que aquest model conservador-liberal de David Cameron s’imposi. Ens va el futur del país.

© 2010 Ricard de la Casa Pérez

La perversitat de la Violència de Gènere

Aquest 25 de novembre marquem al calendari el Dia de la Lluita contra la Violència de Gènere. Els últims anys no cal recordar aquesta data vist que, malgrat les polítiques de prevenció actuals i de lleis coercitives i punitives, els casos augmenten any rere any i la premsa ens informa sense parar de tots els casos i les esfereïdores estadístiques (just mentre escric aquest article sento per la radio un nou cas d’assassinat de violència de gènere). Potser a Andorra no estem acostumats als casos més greus, com els nostres veïns francesos o espanyols (els darrers assassinats a casa nostra van ser a l’agost passat i al juny del 2009), però les denúncies per maltractaments tant físics com psíquics no fan més que augmentar. Necessitem una llei específica i sembla que amb el nomenament de Magda Mata com a secretària d’Estat per a les Polítiques d’Igualtat, a l’abril passat, el Govern està prou sensibilitzat, però crec que ens cal fer més esforços.

Si mirem les xifres que els mitjans ens ofereixen mes a mes, veiem que l’augment és prou significatiu i que els agressors (ells i elles, sense distinció, malgrat que habitualment ens trobem que és la dona qui pateix aquesta violència), tenen a més un menyspreu sorprenent per la seva pròpia vida o pel càstig que se’ls pugui imposar. Malgrat que sigui molt necessària aquesta futura llei, sembla que això no allunyarà els agressors ni que les penes que es puguin imposar siguin suficients per evitar aquesta violència de gènere. S’imposa aleshores trobar solucions més creatives si més no, almenys, intentar atacar aquesta repugnant xacra per altres vessants.

Si anem al fons de la qüestió, crec sincerament que en la major part dels casos l’educació, la formació a l’escola és, pot ser, fonamental per tractar d’arrel aquest greu delicte. L’escola és un dels primers miralls on les nenes i nens es veuen reflectits. El lloc ideal on imitar comportaments (bons o dolents) i per introduir un respecte per la vida, per les persones, per la seva raça, creences, sexe o tendència sexual. L’altre és dintre de la mateixa família, però per desgracia poc es pot fer dintre d’aquest àmbit, o com a mínim és més complicat actuar dintre. Els primers anys de formació dels nostres infants són essencials; unes polítiques d’educació i formació sensibles a la igualtat de les persones, al rebuig de la violència ens poden oferir importantíssims beneficis futurs. Una formació integral pot, a més, corregir altres problemes com pot ser en temes de racisme, dels gais i lesbianes etc.

Em diran que el nostre àmbit educatiu ja està prou carregat de responsabilitats, de feina.. i és ben cert però això ens demostra que el futur d’un país, el futur dels ciutadans i ciutadanes, passa perquè, des de les nostres institucions, es facin cada dia més esforços tant econòmics, com materials, com personals en l’àmbit de l’educació, que és una eina absolutament fonamental per la construcció d’una societat socialment avançada. Ens hi juguem molt i qualsevol cosa que fem, tant positiva com negativa, es veurà reflectida en el futur de la nostra societat. Crec que paga la pena invertir en aquest futur.

© 2010 Ricard de la Casa

Aquest article fou publicat per el Diari MÉS ANDORRA el dia 25 de novembre de 2010.

Laïcisme agressiu?

Tinc la sensació que en les darreres visites de Joseph Ratzinger a Anglaterra i Espanya, la campanya en contra del laïcisme ha pujat de to, en qualificar-la d’agressiu. Com a mínim sembla contradictori donat que el missatge que envien les diverses religions (en general) i els valors que defensen són compartits àmpliament pels laics. De fet, és un missatge universal que neix de l’interior de cada persona, que pertany a tota la humanitat i del qual ningú es pot apropiar de manera partidista. El que vol qualsevol ésser humà és ser feliç. Les eines per aconseguir aquest benestar són l’amor, la pau, la justícia (social), i sobretot la llibertat per escollir el seu tarannà.

El laïcisme no és cap moviment organitzat i per tant no té uns dirigents, ni una política definida i, encara que sembli una contradicció, el laïcisme assegura i assegurarà en el futur l’existència de les confessions religioses, inclosa el catolicisme. Joseph Ratzinger no és el primer cap d’Estat del Vaticà a desenvolupar campanyes semblants; de fet, són tan velles com les religions, però tenim documents, per no anar gaire lluny, de finals del segle XIX, quan els estats europeus van començar a deslligar-se de l’autoritat religiosa i a establir polítiques d’educació per als infants (sense distinció de gènere) i, sobretot, a deixar-les en mans seglars i no exclusivament, com fins aleshores, en mans de clero (França va ser el primer a aplicar-les). Ha passat un segle i ara podem examinar com ha anat de bé; l’èxit, en definitiva, d’aquest avenç que tant va costar posar en marxa.

Europa (i el món) ha canviat radicalment la segona meitat del segle XX. Essencialment els canvis han estat un accés universal a l’educació, un augment de la cultura en general i un accés instantani a la informació. Aquests canvis ens han fet adonar que els Usos, Costums i Tradicions (amb tot, els seus beneficis) no sempre han estat el millor o l’autènticament desitjable. Al llarg del temps ens hem anat traient, com roba vella, molts d’aquests, vist que en realitat no passaven el filtre de la dignitat de les persones, de la justícia social, la igualtat de tots, de la llibertat i del respecte envers als altres. Cal avançar i aprofundir encara molt, donat que persisteix sempre la por dels canvis, com deia Daniel Innerarity: «L’origen del temor no està en l’amenaça del que és semblant, sinó en la inquietud provocada pel que és diferent».

Si parlem del concepte del laïcisme d’estat, és a dir de l’estat laic o aconfessional, el punt més important és que als països democràtics, el govern i el parlament (el nostre Consell General) representa tots els ciutadans i aquests, en ple exercici de la seva llibertat, poden escollir el que volen fer i com ho volen fer, sense cap mena d’interferència i que, i això és molt important de matisar, no obliga ningú a fer res que no vulgui fer. Aquesta política permet que cada un de nosaltres pugui exercir en llibertat les seves opcions personals, tant confessionals com aconfessionals; podem demanar quelcom millor? En definitiva, la separació entre estat i confessions religioses (perquè són moltes i molt variades) ha de ser unes de les pedres angulars, l’armagassa i el punt de partida per un respecte a cada un dels ciutadans i les seves opcions.

© 2010 Ricard de la Casa Pérez

Aquest article fou publicat per el Diari MÉS ANDORRA el dia 22 de novembre de 2010.