Esculls de Canyet

A veces no es cuestión de tiempo. Tampoco de espacio. Alcanzar una meta puede ser un recorrido de simple perseverancia. A veces es necesario olvidar lo que tu memoria retiene de forma inexorable para poder empezar de nuevo. Digerir puede ser una tarea ingrata, pero es necesario si quieres sobrevivir a un evento.

Esta foto se gestó en verano de 2017. Un momento delicado. Sabíamos el sitio y el lugar. Solo había que escoger un día (no sirve cualquiera). Así que esperamos hasta que se pudo coordinar. Tardamos algo más de un año para disparar las cámaras (se hizo el once de agosto de 2018). Vino acompañada de la cena en una terraza a la luz de la luna y justo con ese paisaje que pueden ver… ejem, oh sí, esperar a la hora correcta era una excusa que no necesitábamos para sentarnos a disfrutar de una cena veraniega en uno de los paisajes más hermosos de la Costa Brava.

Claro que la contaminación lumínica era brutal (aunque no inesperada). Me habría sorprendido si hubiera sido al revés. Necesito comentar que la sesión fotográfica no cumplió sus objetivos primarios.

Maticemos.

Eso es cierto, pero la sesión no era lo importante. Queríamos fotografiar la Via Láctea, sí, aunque todos sabíamos que eso era la excusa para salir, cenar y pasar unas horas de cháchara. Lo que se llama un festejo privado. La cámara, el trípode y la pesada mochila con todos los trastos era un plus para convertir la noche en mágica.

Hubo más inconvenientes.

Aquello parecía las Ramblas de Barcelona, un domingo a mediodía y tuvimos que repetir más de una imagen porque no paraba de pasar gente (también tiene su gracia tener fantasmas invadiendo tus pensamientos).

Teníamos pescadores que estaban justo donde no queríamos. Usaban linternas y nos pintaban las fotos como no queríamos…

¿Quién dijo que las cosas tienen que ser fáciles?

Queríamos un cielo con estrellas y solo podíamos imaginarlas en nuestras cabezas… Ni con la aplicación de nuestros teléfonos hubo manera de encontrar (ver) el centro galáctico.

Eso sí, las risas que nos echamos son impagables.

Desde agosto del 2018 hasta hoy han pasado cinco largos meses. Hoy tuve la necesidad de ponerme con ello (aunque hace ya varios días que sus susurros me rondan) y la tormenta de nieve que se abate sobre nosotros ha cooperado. Revise las treinta fotos que hice y seleccione esta (hay más, y espero no tardar otros 150 días hasta que las publique, pero eso ya se verá).

Así que aquí está. Espero que les guste lo suficiente para que les ayude a soñar. A mí me sirvió. Fue una noche hermosa cuyos ecos reverberan en mi interior desde entonces.

Esta foto está dedicada a Maica y Xavi.

©) Ricard de la Casa – Enero 2019 (imagen y texto).

Puede verla en grande en mi galería de FLICKR o en 500PX

Senderos

La palabra sendero tiene muchas connotaciones. Es sugerente y rica en posibilidades. Tendemos a pensar en escala humana y, sin embargo, hemos visto hermosos e intrincados senderos desbrozados por hormigas. En los bosques me encanta encontrar las señales de paso habituales de otros animales. Se convierten en un enigma que hace falta desentrañar.

Los senderos son caminos que nos llevan a descubrir nuevos lugares. Son puro transito hacia el futuro. Cuanto más diminuto y camuflado más encantador es. A veces, solo algunas marcas, aquí y allí, permiten seguirlo. Si prestas mucha atención eres capaz de descubrir las pistas que te adentran en parajes ignotos.

También tenemos senderos mágicos. Se desvanecen con solo hollarlos. Apenas puedes inhalar su aroma y su esencia se malogra. Eres incapaz de encontrarlos de nuevo, de ingresar en la vereda.

Y los de luz.

Aparecen siempre haciéndote un guiño. Majestuosos e infinitos. Blancos plata, dorados o rojos carmesí. Nacen frente a ti, provocándote. Exhalando pura tentación en forma de luciérnaga.

De todos ellos el más misterioso es la Luna. Apetece echar a andar y moverte. Un deseo condicionado.

Ahí está, justo a tus pies y sin embargo eres incapaz de echar a andar.

© Ricard de la Casa – imagen y texto – enero 2018.

Puede verla en grande en mi galería de FLICKR.

Waiting for the Wolf Man

¡Al final lo logré!

Ya habíamos ido hace meses para conseguir esta foto. Las condiciones meteorológicas no siempre ayudan y en aquella ocasión no pudo ser. Hicimos otras (que puede ver aquí mismo, un poco más abajo), pero no la que había venido a hacer.

Así que, en esta ocasión, después de consultar la hora y la dirección por la que salía Doña Luna, salimos pitando para allí (ya estaba en el horizonte cuando llegamos). Ella, majestuosa y sangrante nos regalos unos minutos de puro espectáculo.

© Ricard de la Casa – abril 2016.

Puede verla en grande en mi galería de FLICKR