Jump into the emptiness

La vida és això. Un salt sense xarxa, sense saber on cauràs ni com. Una oportunitat sense més. Gaudeix!

La vida es eso. Un salto al vacío sin saber dónde caerás ni cómo. Una oportunidad sin más. ¡Disfruta!

The life is this. A jump whitout knowing where you are going to fall or how. An opportunity without more. Enjoy!

Ⓒ Ricardo de la Casa Pérez – Noviembre 2021

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Cabines

No recuerdo si fueron las primeras cabinas de Andorra. Creo que sí y me subí en ellas varias veces para hacer el trayecto entre Encamp y el lago de Engolasters. Ahora cuando las veo, pienso en lo pequeñas que eran. Entonces, en los años sesenta (del siglo pasado), no me lo parecían.

La excusa fue un taller de fotografía nocturna realizado por Andorra Sostenible y dirigido por Esteve Argelich. Además de echarnos unas risas, pude volver a contemplar algunas de esas cabinas que desconocía que estuvieran allí (una propiedad privada y que gracias a Dolors Torres pudimos visitar). No pudimos siquiera hacer una foto de lo que queríamos plasmar (Vía Láctea), las nubes y la contaminación lumínica se aliaron en nuestra contra.

Aún así pudimos dejar constancia del maravilloso cielo del que disfrutamos en Andorra y de los conocimientos de Esteve. ¡Gracias!

Ⓒ Ricardo de la Casa Pérez – Octubre 2021

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Bullidor de la llet

Ayer, tres de junio fue un día especial (2021). Tras 18 meses pude salir con un grupo de amigos a hacer fotos. Viven lejos, en la costa. Proponemos un punto de interés y quedamos para una jornada fotográfica (de día o de noche). A principios del 2020, tuvimos que parar. Nuestro mundo tuvo que hacer un cambio forzado, mirarse el ombligo y comprobar que no somos tan invencibles. Ahora ya saben porqué no nos vemos visto en tanto tiempo.

Cuando era pequeño, Ángel, mi padre, nos llevaba por todas las fuentes y pozas (aquí les llamamos gorgs) que eran accesibles en el contorno de Barcelona. Sí, eran otros tiempos, les estoy hablando de hace unos sesenta años. A la mayoría les he perdido el rastro, o han desaparecido engullidos por la civilización (dicho con sarcasmo). Tengo memoria de algunos a través de las fotos que Ángel hacía (y que aún conservo). La mayoría eran lugares mágicos (o eso me parecían a mi). Tenían una belleza que yo no podía disfrutar en toda su expresión (no tenía experiencia ni estaba predispuesto para ello). Mis intereses estaban en otras cosas.

Este que ven, llamado el Bullidor de la llet (Hervidor de leche) debido a la espuma blanca constante que surge de la roca, lo visitaba por primera vez. Lógico. Esta en la sierra del Cadi (si quiere el punto exacto puede ir a mi FLICKR y allí lo tiene posicionado), cerca de Bagà. Justo al principio había un cartel con avisos varios. En una línea había uno que aún no había visto escrito. Siempre lo supones, pero es interesante verlo por escrito. Decía que en toda la ruta no había cobertura, de ningún tipo. Ni siquiera funcionaba el 112. Lo comprobé un par de veces y era cierto. Es curioso como la tecnología nos hace tan dependientes.

Hay poca distancia, unos mil quinientos metros, pero engaña. Tras dejar el coche, queda por delante un sendero estrecho, agreste. Intercambiando momentos donde crees que estas en otro mundo. Dejas de ver el cielo y la vegetación se cierra formando cuevas verdes débilmente iluminadas. Solo algún rayo de luz, desvergonzado, se atreve a atravesarlo. Al inspirar, sin sutiliza alguna, el olor a musgo, a humedad, a vida… penetra. Recuerdas que no estás acostumbrado a un aire tan limpio y puro.

En otros, muros de piedra, roca desnuda, se abren ante ti. Forman autenticas olas que recuerdan el violento pasado de la corteza terrestre.

Es fácil comprobar como en estos meses la naturaleza ha vuelto a reclamar sus posesiones. Hay lugares en los que debes intuir, casi, la huella humana. Ni siquiera estas seguro de si eso que pisas es la vereda correcta, un atajo o un ramal que no lleva a ninguna parte.

La luz desempeña un papel importante (sí, lo sé, me repito). El camino de ida y vuelta se transformó, gracias a ella, en dos sendas diferentes. El ángulo de los rayos del sol incidían de forma diferente y transformaban la realidad que observabas. Todo, en 360 grados, estaba lleno de pequeños detalles increíbles. Es posible que los duendes andaran cerca y les gustara gastarnos alguna broma.

Omnipresente el rugir del agua. La oyes, pero apenas la ves. Durante la mayor parte del trayecto es invisible. A veces aumenta el volumen hasta ser casi ensordecedor. En otras es un leve murmullo lejano que te deja escuchar a los pájaros trinar.

Los últimos metros son espectaculares. Un canal entre dos muros de roca formando una uve guía el agua en línea recta con una pendiente constante de unos siete grados y tras ellos descubres el lugar encantado. Dos surtidores de agua en la pared de roca habitada por una vegetación frondosa y en estos días de un verde exuberante. La pequeña poza y los saltos de agua crean la magia necesaria para quedarte allí quieto, paralizado, contemplando lo que la naturaleza ha creado para aquellos que se arriesgan a subir hasta allí.

Una explosión para tus sentidos. Sería fácil padecer el Síndrome de Stendhal (además de que llegas cansado). Ya puestos a buscar la mejor de las muertes, déjenme que la escoja llegado el caso.

Ⓒ Ricardo de la Casa Pérez – Junio 2021

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Ley de Eutanasia

Hace unos momentos se acaba de aprobar la Ley de Eutanasia en España.

Cuando era un joven adulto, si surgía en las conversaciones este tema, yo siempre decía que para cuando yo la pudiera necesitar ya la tendríamos. Sería legal y accesible. Tenía una confianza ciega en ello (y claro, también que no me iba a morir de inmediato y eso si era un exceso de confianza).

No es que me sienta eufórico, pero sí que me siento satisfecho. En mi vida me ha tocado rozar esos supuestos y sé lo durísimo que puede llegar a ser para cualquiera tener que plantearse esa cuestión. Tanto en tu propia vida como para la vida de cualquier ser que amas (humano o no).

Siento una profunda tranquilidad al pensar que podemos ayudar a dar paz y ofrecer soluciones cuando ya no queda ninguna y todo lo que queda es indignidad, dolor, frío infame y crueldad desmedida.

Estoy enfadado y seguiré enfadado por todos aquellos que han retrasado este momento. Que se han opuesto como si eso fuera con ellos, como si aprobar esta ley supusiera que a ellos se les forzara a algo.

Siento una profunda tristeza por el dolor que causan.

Siento que no tengo nada que ver con ellos. Que no comparto especie, ni sentimientos, ni emociones, que su inteligencia (sea cual sea) no tiene nada que ver con la mía (sea cual sea). Los vegetales y otros animales con los que comparto planeta están mucho más cerca de mi a todos los niveles.

¡Gracias! Gracias a todos aquellos que con su sacrificio han ayudado a que esta ley prospere.

Queda seguir trabajando en la misma línea. Sí, hay que seguir porque aún faltan muchos países en la lista.

Para saber más: La Mort de Eluana Englaro i Amo i senyor del propi cos

Ⓒ Ricardo de la Casa Pérez – 18 Marzo 2021

Bolets

Quedamos.

Hacía mucho tiempo que no habíamos estado a solas. Es una de las personas que más tiempo hace que conozco, más de cincuenta años. Una de las que más aprecio. Podría definirlo como el hombre tranquilo. Sé de lo que hablo. Le he visto en todo tipo de situaciones y en cómo las resuelve. No digo que no tenga defectos, seguro que tiene unos cuantos, pero no soy capaz de distinguirlos por su aspecto negativo. Al menos, como amigo suyo no me afectan. Supongo que si hablo con su hija seguro que tendría algo que decir a ese respecto.

El subía a pescar y yo a fotografiar. Decidimos compartir.

Poco importaba. Fueron momentos interesantes. Hemos pasado años estudiado juntos, hemos compartido apartamento, vacaciones, momentos hilarantes y otros tristes. Hemos tenido charlas profundas durante horas, nos hemos aburrido y hemos disfrutado de algo que siempre recuerdo: bucear durante horas (a pulmón libre) bajo la lluvia.

Es curioso sentirse bien con aquellas personas que conoces y que respetas. Ellos te conocen y te respetan. Es una calma chicha que reconforta el alma.

Fue algo en esencia gratificante por todo el equipaje (recuerdos y conocimientos) que llevaba el subir juntos (en realidad seguro que para ambos) y pasar unas horas alejados de todo y de todos. En una charla aparentemente inocua en medio de un bosque junto a Engolasters. No es necesario siquiera hablar. Ni expresar con una mirada, ni con un gesto. Sabes que es redundante.

Nada.

Ⓒ Ricardo de la Casa Pérez – Marzo 2021

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